Caramba, siempre se me hace tan difícil empezar a escribir…será por que mi mente va mucho mas rápido que mis dedos…ya se, ya sé que me he tardado mucho en actualizar el blog, pero tratare de compensarlo…
Hoy me toca contarles de mi viaje a Punjab que es un estado al norte de India; mi amiga colombiana Marisabela y yo fuimos invitadas a una boda alla (¡Que emoción, mi primera boda india! Pensé)… Nuestro viaje comienza un jueves por la mañana; la noche anterior nos habiamos quedado en casa de mi amigo Juventino en Delhi (¡Gracias Juve una vez más!) y a eso de las 9 am salimos en busca de un taxi que nos lleve a la estación de camiones.
Al momento que pisamos la calle empieza a llover, “son unas pocas gotas” dijimos, nada grave…esas pequeñas gotas en cuestión de dos minutos se convirtieron en una tormenta digna de buscar a Noe y subirnos a su arca…Obviamente ningún taxi, o rickshaw pasaba en esos momentos; empapadas seguimos caminando y de pronto cuando ya no había para donde caminar por lo inundado, de la nada sale un taxi, después de regatear un poco (acá no puedes dejar de regatear aunque el mundo se esté cayendo a pedazos), nos subimos rumbo a la estación de Kashmere Gate. Las distancias y el tráfico pueden ser tan malos en Delhi, eso junto con la lluvia hizo que tardáramos cerca de una hora en llegar a la estación.
Una vez en Kashmere Gate, apenas y nos estábamos bajando del taxi, pasa un camión y un tipo gritando: “Chandiggarrrrrhhh chandigarrrrh!!!” y esa es la ciudad a donde vamos, entonces corriendo agarramos las mochilas y nos montamos en el camión en un viaje de 5 horas.
Llegar a Chandigarh viviendo en Delhi es como entrar en una realidad paralela; veo tantas cosas extrañas, cosas a las que ya no estaba acostumbrada: una ciudad limpia, organizada, la gente respeta las señales de tránsito, los carriles en la calle no son solo un adorno, hay paz y tranquilidad, en teoría suena bien pero en un par de horas es tan ABURRIDO!
Esa noche nos quedaremos en la casa de los trainees de AIESEC, pero nos dan mal la dirección, asi que el taxi nos deja y al tocar la puerta sale una india con todos sus hijos (como 5), ahí es cuando nos damos cuenta que tal vez estamos en el lugar equivocado…así que después de una hora de estar caminando en círculos, con mochilas, en la noche, finalmente encontramos la dirección y exhaustas nos dicen que vamos a un “bar”… yo pienso “bueno estoy cansada pero será la única noche aquí, ¡Hay que salir!” Al fin llegamos al lugar que resulta ser un café! Obviamente no venden alcohol y cierran a las 12…el lugar está prácticamente solo y yo pregunto: de aquí nos vamos a ir a algún antro? Y me dicen “no, aquí nos vamos a quedar”: QUEEEEEEEEEEE??? Y me dicen pues es que es jueves en la noche, -¡Por esooo! Respondo yo…
Pues si, en Chandigarh no hay el concepto de divertirse al que estamos acostumbrados, y yo ya extraño Delhi y su encantador desorden…afortunadamente hay un brasileño que piensa igual que yo con respecto a la supuesta fiesta en el cafe, y nos vamos de regreso a la casa para hacer nuestra propia reunion, gracias a él y a otros interns, la noche resulto bastante agradable.
Por la mañana nos vamos a recorrer la ciudad y resulta que solo hay dos puntos de interés: el Lago y el Jardín de las rocas (¡Aburridoooo! -Pienso yo) en fin, el lago resulta ser igual que cualquier otro lago que haya visto, solo que el agua es café jaja. Pero que sorpresa al llegar al Jardín de las Rocas, es un lugar impresionante, construido en una forma parecida a un laberinto y hecho con solo materiales de desperdicio, realmente lograron hacer un paraíso. Después pongo las fotos en Facebook para que vean que no estoy exagerando: si alguien viene a India, venir a Chandigarh vale la pena solo por ese lugar…
A eso de las 4 pm de ese mismo día tomamos el camión hacia Punjab, el pueblo donde será la boda se llama Mahalpur (ninguno de nuestros amigos había oído hablar de ese lugar, eso debió habernos dicho algo) en menos de 3 horas llegamos y nuestra amiga y su hermano pasan por nosotros. Nos llevan a la casa y empieza la faena de conocer a TODA la familia, si, literalmente; y yo me siento como en una versión india de la película Mi Gran Boda Griega.
Por enfrente mío desfilan nombres, caras, sonrisas, frases en Punjabi que no puedo entender, Chai, cena vegetariana, bailes, dulces, mas chai, la novia me pinta las manos con henna, así que por toda la noche no puedo tocar nada ni a nadie; es una buena forma de tener un poco de espacio personal obligado…
Al día siguiente, mas familia, mas chai, desayuno vegetariano (toda la familia es vegetariana así que no podría conseguir un pedazo de pollo ni aunque lo matara yo misma). Damos un paseo por el pueblo, al regresar empieza una ceremonia donde a la novia le llenan los brazos con unos brazaletes rojos y blancos, al preguntar me dicen que los tiene que usar por un año después de que se case; como si fuera poco, le cuelgan mil cosas mas que tiene que usar toda la noche, sin contar los 5 kilos de joyería en su cabeza, cuello, nariz y pies…casarse es algo muy cansado aquí!
La boda empieza “a las 7 pm” son las 6 y seguimos en la casa haciendo nada, pero la gente esta tan relajada…acabamos saliendo para la boda como a las 9 pm, pero eso aquí es normal por lo visto. La impuntualidad mexicana no le llega ni a los talones a mis amigos indios.
Para nada era como yo esperaba, es un matrimonio arreglado, que en este caso sucedió así: los padres del muchacho ponen un anuncio en el periódico buscándole esposa, los papas de la novia los contactan y ellos les preguntan cómo es la mujer, cuantos años tiene, educación, estatura, si sabe cocinar, en fin toda clase de habilidades que la hagan ver como una propuesta decente para casarse; se concreta una cita con los padres de ambos y se “arregla” por medio de un acuerdo mutuo…
Yo no estaba preparada para ver eso, a pesar de que yo no me considero el estereotipo de la mujer cuyo máximo sueño es casarse, me doy cuenta de cuan diferentes son las cosas de este lado del mundo, el ver que el matrimonio es una especie de negocio donde no importan los sentimientos sino la afinidad económica y de castas me hace sentir muy agradecida de haber crecido en un lugar lleno de opciones y sobre todo de libertad para elegir la que mejor nos parezca.
Aquí y ahora, a casi tres meses de haber llegado a India, tengo mi primer choque cultural, y es bastante fuerte. Tan solo ver la cara de la novia, sin expresión alguna, el ver el vacio en sus ojos, tan faltos de emoción, el saber que lejos de estar feliz, la pobre esta tan asustada por que pasara el resto de su vida con alguien que no conoce, que se mudara a una casa llena de extraños (los padres y familia del novio), que nunca más estará con su madre y hermanos, debe ser un sentimiento aterrador. Y yo, yo me siento profundamente triste, no exagero cuando digo que sentí unas inmensas ganas de llorar; no puedo describir el vacio que sentí en el corazón durante toda la ceremonia. No hay sonrisas ni ningún tipo de contacto entre los futuros conyugues, todo fue tan frio, tan abrumador, tan calculado; necesitaba salir corriendo de ahí…y mejor me hubiera valido hacer eso. En ese momento, India es lo peor…
Siguen los rituales, la gente feliz bailando, celebrando la venta de su querida hermana. Nuestra amiga tristemente nos confiesa que dentro de unos años ella también se casará con quien sus padres elijan para ella, odia la idea pero lo acepta porque si no lo hace sus padres la echarán de la casa y vivirá eternamente deshonrada… y así son las cosas, aquí la familia decide una gran parte de tu vida, y la gente lo acepta con más resignación que respeto.
La fiesta termina cerca de las 6am y nosotras nos sentimos tan abrumadas, tan emocionalmente agotadas, que a las 7 am ya estamos dentro de un bus de regreso a Delhi, ¿dormir? Podemos dormir en el camino.
Una vez más, este país me muestra sus colores, y la complicada gama de tonalidades que hay en cada uno de ellos, en definitivo no puede ser entendida por aquellos con una mente cerrada; ¿yo? Yo lo estoy intentando.
4
comentarios

